Hay personas que han dado un giro a su vida de 180º y han encontrado su vocación y felicidad en cosas completamente diferentes e incluso opuestas a las que habían hecho hasta entonces. Hoy os contamos la historia de Crystal Bassette, una mujer que ha dejado su carrera en el mundo del cine para adultos y ahora es una devota de Dios.

Os dejamos un VÍDEO donde ella misma cuenta su historia seguido de la historia con varios detalles. ¡No te lo pierdas!

Era conocida con el nombre de “Nadia Hilton” y entró al mundo del cine para adultos después de quedarse embarazada a los 16 años.

“Recuerdo que después de esa escena, estuve sentada llorando en la ducha durante dos horas. Después de grabar, paré y no volví hasta un mes después”.

Durante diez años, hizo unas 100 películas y llegó a ganar 300.000 dólares al año.

Casi nada…

Crystal se gastaba el dinero en alcohol, coches deportivos, una mansión y su propia discoteca. “Solo vivía para mí misma y mi hijo y no pensaba en las consecuencias de hacer películas, bailar, etc”.

“Empecé a convertirme en un objeto. No salía de casa sin mostrar escote, sin mostrar el ombligo o sin tacones. Era como si tenía que parecer una ‘sex symbol’ de forma constante”.

En 2014, después un horrible accidente de coche y otros eventos desagradables, empezó a ir a la iglesia.

“Es un cambio absoluto, es ir desde un extremo al siguiente. Tenía que escaparme de toda esta vida”.

Se enamoró de David, el pastor de la iglesia a la que iba su hermana y ahora están casados.

Crystal se ha graduado y se ha formado para convertirse en pastora. Ahora, preside una iglesia junto a su marido en Nueva York.

“Ahora recuerdo mi pasado y no puedo decir que realmente me arrepienta de todo porque me ha hecho lo que soy hoy. Es como si hubiera crecido siendo profesora, probablemente no estaría ayudando a gente ahora, sino que sería algo completamente diferente”.

“Mi pasado me ha hecho lo que soy actualmente y Dios ha cambiado mi vida completamente”, dice Crystal.

“El día que fui salvada, sentí que el predicador solo me hablaba a mí directamente. Fue como si predicara solo para mí y sentí que Dios me hablaba a través de sus predicaciones y todo lo que dijo me hizo sentir a gusto”.

“Me arrodillé y simplemente recé a Dios para que me liberara de todo, mi madre estaba allí y mi hermana vino y todas lloramos”.

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